(Read this story in Español)

I don’t know what to do to stop her from being upset at me. I’ve never seen her this upset.

……

Please, mi amiga, don’t be upset at me. Changes are not my thing and since we moved I don’t feel quite myself.

I like the new place. Love the green patch where you take us to play and where I train to run faster. The new neighborhood smells of trees, soil, birds and squirrels and that’s groovy. I also like how there’s a school nearby and kids know me by name and they call me “super dog” and they give me bits of their afternoon snack when you’re not looking (yes, they do that). And it’s funny how they count my paws more than once, convinced that they’re doing their math wrong.

But I’m having a hard time with the slippery floors of the new place (you already know that). And the doors are funny. I never know which one your disappearing through. And one more thing: I miss our terrace. We’ve never lived without a terrace before. Have you realized that?

Lots of new stuff all at once. It makes things foggy in my world.

I swear, I don’t know why I’m peeing inside. One moment I’m there and the moment after I’m still there but next to Mr. Pee (the bastard!). It just happens all very spontaneously. I don’t plan it out, really. And then you go around the house with a mop and a bucket ignoring me. It doesn’t help. Why don’t you put the mop and the bucket away and take me out for a walk instead?

How do you want me to be cool with just a morning, afternoon and night walk? What about the in-betweens? I’m bored. Maybe that’s why the peeing is happening.

Last night I went a little too far, I know. I’ve never seen you so upset and I don’t like it. It was scary business.

Will you forgive me? Please?

Pencil drawn illustration of Felipe with the Spanish flag on his golden paw

Ella está enfadada conmigo

 

No sé como hacer para que deje de estar enfadada. Nunca se ha enfadado tanto conmigo.

….

Por favor jefa, no estés tan enfadada. Los cambios no me van nada y desde que nos hemos mudado no me encuentro con el yo de antes.

Me gusta la nueva casa. Me encanta el prado verde donde nos llevas a jugar y yo entreno para correr más rápido. El nuevo vecindario huele a tierra, árbol, pájaro y ardilla y eso es muy guay. También me gusta cómo hay un colegio al lado y los niños ya saben mi nombre y me llaman “super perro” y me dan trocitos de su merienda cuando no estás mirando. (Sí, lo hacen.) Y es divertido cuando cuentan mis patas una y otra vez convencidos de que están contando mal.

Pero me está costando acostumbrarme al suelo de esta casa. Es mucho más resbaladizo que el anterior. Y las puertas son raras, nunca sé por cuál desapareces. Y otra cosa más: ¡echo de menos nuestra terraza! Nunca hemos vivido sin terraza, ¿te has dado cuenta?

Demasiadas novedades todas al mismo tiempo. Mi mundo está un poco neblinoso.

Te lo prometo, no sé porqué estoy haciendo pis dentro de casa. De repente estoy ahí y de repente sigo ahí pero con un pis al lado (¡el infame!). Pasa muy espontáneamente, de verdad que no lo planeo. Y luego tu vas por la casa con un cubo y una fregona ignorándome y eso no ayuda. ¿Por qué no dejas el cubo y la fregona y nos vamos a dar un paseo?

¿Cómo esperas que me quede tranquilo con solo un paseo por la mañana, por la tarde y por la noche? ¿Y qué pasa entre medias? Estoy aburrido. A lo mejor por eso está ocurriendo esto del pis.

Ya sé que anoche me pasé un poco. Nunca te he visto así de enfadada. Es de susto de los gordos.

¿Me perdonas? ¿Por favor?

Vamos a dar un paseo ¿Vamos?